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02
JUN
2015

Artículo en la Revista Salud Total

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La Dra. Pichot ha publicado en la revista Salud Total un interesante artículo sobre las articulaciones que reporducimos a continuación

El dolor articular es una de las causas más frecuentes de consulta médica y uno de los motivos más importantes de incapacidad y deterioro de la calidad de vida. 

Las articulaciones

Patologías y cuidados

Llamamos articulaciones a las uniones entre dos huesos o cartílagos. Su función es mantener la unión y estabilidad del cuerpo, permitir movimientos mecánicos proporcionando elasticidad y plasticidad, y son, además, los puntos donde tiene lugar el crecimiento.Articulaciones1

En las articulaciones, los extremos óseos están recubiertos de cartílago para favorecer el movimiento, y existe una cápsula que rodea a cada articulación, la cual le proporciona estabilidad, y está compuesta de tejido conjuntivo fibroso y ligamentos. En el interior de la cápsula existe una fina membrana llamada membrana sinovial, que se inflama con facilidad dando lugar a veces a hinchazón y derrame en el interior de la articulación.

El dolor articular, dolor de las articulaciones o artralgia, es una de las causas más frecuentes de consulta médica y uno de los motivos más importantes de incapacidad y deterioro de la calidad de vida.

A pesar de estas generalizaciones, cada articulación es única y está diseñada con un alto grado de sofisticación para permitir el rango de movilidad necesario para llevar a cabo las funciones que se precisan. Existen articulaciones con un grado de movilidad muy pequeño, casi inexistente, como las articulaciones entre el sacro y la pelvis. Otras tienen movimiento en una sola dirección, como la rodilla. Existen, por último, articulaciones con movimientos más amplios y complejos, como la articulación del hombro.

EL DOLOR ARTICULAR

Existe la creencia errónea  de que el dolor articular se da únicamente en personas de edad avanzada. Si bien es cierto que, con la edad, aumenta la frecuencia de dolores articulares, existen muchos trastornos que pueden causar dolor y disfunción articular crónica en personas jóvenes e incluso muy jóvenes.

Otro concepto importante a tener en cuenta es que el dolor articular siempre es debido a alguna causa subyacente. Es decir, nunca es fisiológico o “normal” padecer dolor articular. Todas las estructuras de las articulaciones están inervadas mediante fibras sensitivas, y, por lo tanto, son susceptibles de causar dolor. Las estructuras que más a menudo causan dolor articular son el hueso articular o hueso subcondral, la membrana sinovial, la cápsula articular, los ligamentos, los tendones, y las estructuras fibrocartilaginosas que poseen algunas articulaciones llamadas meniscos.

Cuando existen problemas en las articulaciones, además de dolor, podemos observar hinchazón, aumento local de la temperatura, deformidad y aumento de tamaño, así como dificultad o imposibilidad para realizar los movimientos habituales, o para cargar peso o apoyar la extremidad en cuestión.

Las causas de dolor articular son de muy diversos tipos. Los más frecuentes son los traumatismos, el deterioro mecánico por degeneración del cartílago o artrosis, y la inflamación producida por diversas causas, entre ellas las enfermedades reumáticas.

Algunas articulaciones pueden quedar dañadas de manera prolongada o permanente tras un traumatismo. A menudo, aunque la lesión tras el traumatismo se resuelva, puede quedar como secuela un problema estructural, el cual genere en el futuro problemas mecánicos de estabilidad articular o de desequilibrio entre las cargas articulares. Esto, en última instancia puede dar lugar a degeneración del cartílago y degeneración y deformidad articular o artrosis. Es frecuente en personas que han padecido una lesión importante en la rodilla, ya sea practicando deporte, o en un accidente laboral o de tráfico. Las estructuras dañadas se reparan inicialmente, por sí mismas o con la ayuda de una inmovilización o incluso una intervención quirúrgica. Sin embargo, posteriormente en el futuro, la inestabilidad residual puede dar lugar a lesiones en el cartílago y en el hueso subyacente, generando degeneración o desgaste articular, que es lo que llamamos artrosis.
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Otras causas de artrosis son las anomalías congénitas que producen desequilibro entre las articulaciones, como la diferencia de longitud entre las piernas, las alteraciones articulares de crecimiento, la obesidad, los trabajos o actividades que sobrecargan las articulaciones, y los deportes de impacto.

Existen un gran número de enfermedades reumáticas que pueden causar inflamación crónica y daños transitorios o permanentes en las articulaciones. Las más conocidas son la gota y la artritis reumatoide. Otras enfermedades que también pueden dar problemas en las articulaciones son la espondilitis anquilosante, la artritis asociada a la psoriasis o artritis psoriásica, el lupus eritematoso sistémico, la polimialgia reumática y las artritis producidas por cristales. Algunas enfermedades reumáticas tienen buen pronóstico; sin embargo, otras, como la artritis reumatoide, se asocian a un curso clínico muy agresivo y pueden provocar destrucción progresiva de las articulaciones, con la consecuente incapacidad.

 Las articulaciones también pueden verse afectadas por entidades clínicas más graves, como infecciones o tumores. Por ello, es importante realizar una consulta a un especialista en enfermedades del aparato locomotor, ya sea un reumatólogo, traumatólogo o médico rehabilitador, para poder realizar un diagnóstico y descartar causas graves.

TRATAMIENTO

Un hecho que suele sorprender a muchos pacientes es que, a pesar de los avances en medicina, todavía se desconoce la causa de muchas de las enfermedades que provocan dolor y daño articular. Por ello, en la mayoría de enfermedades articulares no disponemos de un tratamiento que pueda eliminar la causa. De ahí que muchos problemas articulares se transformen en crónicos.

Sin embargo, el hecho de que no exista un tratamiento de la causa no implica que no se puedan tratar. Es algo comparable a lo que ocurre con muchas otras enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión, o incluso la depresión. Así pues, existe hoy en día una gran variedad de medicamentos que se pueden recetar por los médicos para mejorar o incluso hacer desaparecer la sintomatología durante largos períodos de tiempo. Otros medicamentos pueden frenar el proceso inflamatorio durante meses y años, retrasando el deterioro de las articulaciones, pero no están exentos de efectos secundarios e incluso riesgos importantes.

Un tratamiento farmacológico debe acompañarse siempre que sea posible de un tratamiento rehabilitador adaptado a cada paciente y a cada problema concreto. Existen diversas modalidades de tratamiento mediante medidas físicas que pueden aliviar los síntomas y hacer desaparecer el dolor. Entre los más efectivos se encuentran la estimulación eléctrica transcutánea, los ultrasonidos, y la cinesiterapia. La masoterapia y la quiropraxia pueden ser muy beneficiosos y disminuir las necesidades de tratamiento farmacológico.

En algunos casos es más conveniente, o bien administrar los medicamentos en la propia articulación (infiltraciones), ya sea anestésicos locales antiinflamatorios corticoides, u otros compuestos como ácido hialurónico. Existen muchos conceptos erróneos acerca del uso de corticoides (derivados de la cortisona), generalmente asociados a creencias basadas en experiencias ajenas. Así pues, es cierto que el tratamiento prolongado con corticoides (necesario en algunas enfermedades) puede conllevar efectos secundarios que pueden resultar perjudiciales para el metabolismo, para la vista, para la masa ósea y para el sistema cardiovascular, entre otros. Sin embargo, las infiltraciones intraarticulares de corticoides no provocan dichos efectos secundarios ya que su administración puntual no suele interferir en el sistema hormonal propio.

Por otra parte, y a diferencia de lo que se hacía en el pasado y se hace todavía en algunos entornos, en la mayoría de ocasiones no será necesario administrar más que una única infiltración (y no tres o cuatro, como consta todavía en algunos protocolos clínicos desfasados). La condición es que el procedimiento esté realizado con las mayores garantías de precisión, en un centro médico quirúrgico preparado, y que disponga del equipamiento necesario para poder realizar dichos tratamientos con la ayuda de radioscopia o de ecografía durante.

Los avances en el tratamiento de las enfermedades articulares ofrecen otras opciones prometedoras, como la inyección de factores de crecimiento, la inyección de ácido hialurónico, la inyección de ozono, o la radiofrecuencia pulsada intraarticular.

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La opción quirúrgica se plantea cuando los tratamientos descritos no son eficaces. La cirugía depende de la articulación o articulaciones afectadas. En muchos casos bastará con una intervención poco agresiva, muchas veces mediante artroscopia, como por ejemplo para reparar quirúrgicamente ligamentos, o extirpar meniscos lesionados en la rodilla. Otras veces será necesaria la cirugía abierta. Cuando la articulación está tan dañada que no es posible devolverle su función normal, y cuando ello ocasiona una alteración en la calidad de vida del paciente, se plantea la sustitución de la articulación afecta por una prótesis articular. Existen muchos tipos de prótesis para cada articulación. Actualmente se dispone de una vasta experiencia de décadas y hay muy buenos resultados con las prótesis de cadera y de rodilla. Otras prótesis, como las prótesis de hombro, tienen un menor porcentaje de éxitos. Por muy satisfactorios que sean los resultados tras el implante de una prótesis, estos no están garantizados de por vida. La supervivencia media de una prótesis oscila entre los 10 y los 15 años. Por ello, es muy importante hacer un diagnóstico muy preciso y una indicación muy adecuada a cada paciente. Las prótesis que se deterioran se pueden sustituir por otra transcurridos algunos años, pero los resultados suelen ser peores. En general los especialistas recomiendan colocar una prótesis articular cuando el dolor y la rigidez articular hacen que la calidad de vida se deteriore de manera significativa.

PREVENCIÓN

¿Qué podemos hacer para prevenir el daño y deterioro de las articulaciones? La respuesta varía en función de la articulación de la que estemos hablando. Las lesiones deportivas o en accidente son una causa frecuente de lesiones que dejan un desarreglo interno en la articulación que posteriormente resulta en problemas articulares a medida que avanzan los años. Las lesiones más típicas son las roturas de meniscos y ligamentos de rodilla, las luxaciones o fracturas de hombro, las roturas de ligamentos en tobillos, y las lesiones en algunos huesos de la muñeca y dedos. Conviene siempre protegerse las articulaciones cuando realizamos deporte, y llevar calzado adecuado para el trabajo y para los deportes intensos.

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Si se produce una lesión en un traumatismo o un accidente, es muy importante recibir atención médica especializada lo antes posible. Cuando existe dolor o inflamación en alguna articulación sin causa aparente, es importante acudir a un especialista para descartar una causa médica tratable, dado que algunas enfermedades reumáticas pueden incidir de manera muy negativa en la función articular. En cuanto a la actividad deportiva, es preferible realizar ejercicio físico de manera regular, pero abstenerse de hacer deportes violentos o que exijan un esfuerzo o una sobrecarga excesivos. Tampoco es recomendable realizar deporte de manera intensa un día concreto, como una maratón, un partido de fútbol o un ascenso o escalada, si no se tiene costumbre de entrenar habitualmente. Los estiramientos previos y posteriores al ejercicio son muy recomendables.

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo muy claros para los problemas articulares de rodillas, tobillos y pies. Los trabajos que requieren mantener los brazos por encima de la cabeza o lanzar objetos, son factores de riesgo para los problemas en los hombros. El empleo de maquinaria que produzca vibraciones u oscilaciones suele causar problemas en los codos.

Cuando una articulación o parte de una extremidad está dañada previamente, es importante ejercitarla con moderación, pero evitar en lo posible nuevas agresiones en la misma zona, como nuevas lesiones, o cirugía innecesaria, ya que en un pequeño porcentaje de casos se puede producir una complicación y dar lugar a dolor crónico muy intenso e incapacitante conocido como dolor neuropático o dolor regional complejo, de tratamiento  muy difícil.

Dra. Carmen Pichot Plà

Dra Pichot

Revista Salud Total nº 55, agosto 2014, págs. 42-45

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